Aquí se muestra un caso real de ayuda psicológica. Lo muestro con el consentimiento de mi cliente, al que atendí hace ya un año, y guardando escrupulosamente su identidad.

Recuerdo que fue su padre quien vino a verme y me dijo que su hijo, de veinte años, estaba muy triste. Su hijo, al que llamaré Juan, no hablaba con nadie de la familia, solo jugaba a no sé qué juego de ordenador y había abandonado los estudios.

En ese momento simplemente estaba en casa, más concretamente en su habitación, y se había convertido en un “ni ni ni” – decía. Ni estudiaba, ni trabajaba ni hablaba.

Juan es ya un hombre adulto que debe empezar a buscarse la vida por su cuenta – me decía su padre. Su padre incluso dudaba de si su hijo podría ser homosexual y no quería contarlo en casa.

En ese momento le dije que cuando él quisiera hablábamos, que podíamos tener una charla de media hora o así sin compromiso.

El día de la charla también ayudó

Resulta que me llamó su padre el día que habíamos concertado una cita para decirme si podía acercarme por su casa por que Juan estaba muy desganado.

Yo accedí y fui, y tras saludar a la familia le dije a Juan con un gesto que íbamos a una habitación. Entramos su padre y yo en la habitación, Juan tardó diez minutos en llegar.

Aún recuerdo cuando entró en la habitación, completamente asustado, temeroso de lo que pudiera pasar. Estaba quieto y no hablaba, y entre tanto decía su padre, “Juan, él es un psicólogo que sabe como ayudarte psicológicamente, yo no sé, él si”.

Yo intervine y les dije que estaba allí para poder conocerlo, y que esa iba a ser la única vez que su padre estaría presente, que ese momento era para conocernos los tres y hablar de lo que íbamos a hacer.

Empezó la terapia en sí.

Sin más preámbulos le pregunté a Juan que qué le pasaba; Juan titubeó, después dijo,”Es que me ha ido mal en los estudios y no dejan de exigirme”.

“Parece que has estudiado mucho, ¿es así?”, contesté.

“Bueno, sí que he estudiado pero no estos últimos años, es que ya no puedo, o no sé, simplemente estoy mal”

Su padre intervino, y dijo que se tiraba todo el día jugando al ordenador, que no estudiaba, ni salía a buscar chicas, ni buscaba trabajo, en fin. Dijo que lo que hacia era vivir de madrugada encerrado en su cuarto mientras gastaba luz, comida y agua.

Después de esa intervención quedamos en silencio. Y noté que Juan tenía un nudo en la garganta. Le dije,”Parece que sientes lo que ha dicho tu padre, ¿es así?”

Él asió con la mano haciendo ademán de no poder contestar, le dije que yo estaba allí para escucharlo y que en ese momento tenía mucha curiosidad por conocerlo.

Al poco rato dijo que siempre se había sentido inferior a su padre con las chicas, por que su padre era muy ligón y tenía fama de ello. Y le decían mucho que él sería igual.

El caso es que la ayuda psicológica real empezó más o menos aquí

“Vale, comprendo – fui diciendo – y parece que no eres igual, o eso creo entender por tus palabras”

“Si, por que lo he intentado, pero me han rechazado varias veces, soy muy sentimental sabe”

“Sí, creo que te entiendo, a ver parece como si fueras muy sensible a lo que puedan decir otras personas, quizás especialmente cuando te importan, ¿puede ser esto?”

“Si, me pasa con la gente que me importa, que no sé meterme en la conversación, estamos hablando de cualquier tema y yo estoy pensando en otra cosa, en sí aceptará ir conmigo a cenar, u otra cosa, y me pongo muy nervioso.”

Entonces escuché muy suavemente que balbuceó, “¿y eso qué es?”, a lo que interpreté y no me equivocaba, que se refería a ¿cuál sería la enfermedad mental que él tenía?.

Entonces respondí, “Vaya, si te comprendo, déjame decirte”,”Parece que cuando alguien te nombra y dice algo contrario a tus deseos, en vez de quedarte callado y pensar; Bueno yo no pienso eso pero voy a callar, piensas; ¡Oh!, ¡mierda, ese soy yo!”

Padre e hijo rieron a carcajadas durante unos segundos, después seguimos charlando un poco más sobre cómo sería la terapia.

Qué sería por videollamada, en una habitación donde Juan estuviera solo, usando unos auriculares y poco más.

Al final me preguntaron que cuanto tiempo llevaría, y yo les dije que eso iba a depender de muchas cosas y sobre todo de Juan, pero que en mi opinión iba a ser más pronto que tarde.

El primer día de terapia para ese caso real de ayuda psicológica.

El primer día fue de una intensidad absoluta. Fue entonces cuando Juan empezó a sentirse cómodo.

De las emociones que iba contando por diversos sucesos, yo las pensaba y preguntaba; “¿Puede que lo que estás diciendo esté relacionado con lo que me acabas de contar sobre esa chica que te gustaba?”, “¿cuentas esa sensación y parece que estás realmente arrepentido?”.

Y otras cosas por el estilo que no quiero detallar aquí con palabras exactas por guardar la identidad de mi cliente en este caso de ayuda.

Pero sí que diré que eran bastantes cosas, pues se trataba de cinco experiencias que se relacionaban entre sí, y que eran bastante dolorosas ya por sí mismas.

En rasgos generales esta persona había dejado su país, amigos y familia lejos. Se había acoplado a un plan de estudios para el que no estaba preparado y que le exigió mucho. Vivió la separación de sus padres.

Así como la desesperación posterior y constante de su madre, a la que está muy unido. Y se volvió adicto a los juegos recreativos – según sus palabras. Entre otras cosas.

Más o menos por lo que acabo de decir, él lo único que quería era no desear nada.

No quería intentar sacarse esa asignatura que le quedaba para acceder a la Universidad, no quería conocer gente, ni chicas. No quería hablar con su mamá ni con sus amigos.

Vivia de noche encerrado en su habitación jugando, y así llevaba dos años.

Este fue el estado inicial, aunque no recuerdo exactamente las preguntas que le hice fue muy intenso.

Empatizamos en seguida, recuerdo que él charlaba, e incluso esbozó una sonrisa.

Y su caso empezó a mejorar desde el principio.

Así que cuando le contacté por Whatsaap para la siguiente sesión me dió una inmensa alegría.

Os dejo unas capturas de pantalla (con su permiso):

Lo que ocurrió durante la primera sesión fue que él tenía muchas ganas de salir de ese malestar permanente que tenía.

Realmente estaba muy triste desde hace mucho tiempo, depresivo. Y a nadie le gusta estar así.

Consiguió hacer el esfuerzo de pensar lo que le pasaba, y encontró por sorpresa que sabía muy poco de lo que le estaba pasando, y que era capaz de pensarlo.

Cuando afrontas lo que te pasa y haces el esfuerzo por comprenderlo, con ayuda de un psicólogo si es necesario. Te estás poniendo frente al problema irremediablemente, realmente no puedes mirar para otro lado.

Pero al mismo tiempo tienes a alguien que está detrás de ti pensando lo que piensas y poniéndose en tu piel. Alguien que está preparado para eso, por que además de enfocarse en ti como persona conoce el cuerpo humano y su comportamiento muy específicamente.

Y eso hizo que Juan se liberara de ese miedo que sentía por hacerse consciente de sus problemas.

El último día de este caso real de ayuda psicológica fue el tercero

Al tercer día juan se dio cuenta de que ya no me necesitaba.

Había comprendido su problema y como le afectaban a las personas que quería. Sabía perfectamente como se sentía él y sus amigos y familiares.

Tenía un plan, que me contó muy motivado. Lo recuerdo muy bien por que parecía una persona acostumbrada a hablar en público, con carisma y autoestima.

En un momento de la sesión le pregunté si creía que me necesitaba. Él se puso a pensar y dijo que había cosas para las que todavía no estaba preparado. Cosas que no podría afrontar solo.

Al acabar la sesión le dije que si quería tener otra sesión que pillase cita a través de Ayudapsicologica.online en estos días. Y que nos veíamos el mes que viene o así. O cuando necesitase.

La verdad es que no pidió cita, y esa fue la última vez que nos vimos cara a cara.

Este caso real de ayuda psicológica un año después.

Le contacté para ver qué tal estaba y me dijo esto:

Mostrar contestación a la ayuda psicológica recibida

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